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La Coctelera

Todo lo que amas te será arrebatado

Ideas robadas con total desparpajo y denostadas desde la más absoluta ignorancia. También dibujitos desanimados, videos, y si hay suerte, algo de música (medio de cotelé).

25 Octubre 2005

Dabadabadababadán... ¡Bátman!

Escribir sobre Batman tiene el inconveniente de la reiteración. A estas alturas, no se puede ignorar quien es el Hombre Murciélago, a menos que uno haya pasado toda su vida en un contenedor plástico. Eso hace bastante difícil escribir algo nuevo o interesante acerca del sujeto en cuestión, y significará, en este caso, repasar unos pocos datos sobre el Hombre Murciélago y dejar que el lector arme el resto con su propia experiencia. Pero bueno, comencemos con algo que de tan obvio se menciona rara vez: Batman es un vigilante. Esta palabra que aquí usamos para el policía de la esquina o las facturas del desayuno se aplica, en los países de lengua inglesa, a los cuentapropistas de la justicia, que pasan por alto los procedimientos habituales y buscan arreglar cuentas con los delincuentes sin recurrir a la policía o al establishment. Un arquetipo de vigilante es Paul Ryan, el personaje que interpretara Charles Bronson en EL VENGADOR ANÓNIMO (Death wish, 1974); en la vida real tenemos a Bernard Goetz, un neoyorquino más parecido a Woody Allen que a Charles Bronson, quien en 1982 mata de un balazo a un asaltante que lo aborda en el subte, mientras que si buscamos su equivalente local podríamos hablar del ingeniero Horacio Santos, quien en 1990 se carga a un par de ladrones de pasacasetes: Santos está con su mujer en una zapatería del barrio de Devoto. De pronto escucha la alarma de su auto y ve a dos hombres escapar en una cupé. Santos se sube a su auto, persigue a los ladrones y les dispara un balazo en la cabeza a cada uno. Batman se diferencia de todos estos no sólo en que no usa armas de fuego, sino en su dedicación a tiempo completo a la causa del bien tal como la entienden los guionistas de cómics.
La primera aparición de Batman data de 1939, en el número 27 de Detective Comics. Su creador Bob Kane se nutrió de diversas fuentes, entre ellas la película LA MARCA DEL ZORRO (The mark of Zorro, 1920), protagonizada por su actor favorito, Douglas Fairbanks padre. Al igual que el Zorro, Batman salta de edificio en edificio con una soga y se cambia de ropa en una cueva a la que se puede acceder a través de un reloj de péndulo. Otra película que influyó fuertemente a Kane fue The Bat whispers (1930), en la que el villano se disfrazaba con una túnica negra y una máscara de murciélago, y usaba una señal luminosa en cuyo centro se veía la sombra de un murciélago. El origen de Batman se cuenta en el número 33 y la his-toria es de sobras conocida: el doctor Thomas Wayne y su esposa Martha son asesinados a sangre fría por un ratero de poca monta ante los ojos de su hijo de 9 años, Bruce, quien decide dedicarse a vengar la muerte de sus padres combatiendo el crimen y “vengar sus muertes dedicando el resto de mi vida comba-tiendo a todos los criminales”. Entrena su cuerpo y su mente hasta límites insospechados y eventualmen-te se transforma en el protector de Gotham City, una ciudad al lado de la cual Beirut es Disneylandia. Con la creencia de que “los criminales son unos cobardes supersticiosos” Bruce se hace de un disfraz que les garantice un buen susto; una suerte de remera oscura con calzoncillos largos al tono y una capucha con forma de cabeza de murciélago. Con el paso del tiempo y los diferentes guionistas Batman fue dejan-do su lado vengativo y violento y se fue transformando en un detective científico, “el más grande detective del mundo” y una de las columnas de la National Periodical, que luego se transformaría en DC Comics., junto con Superman y Wonder Woman, los únicos tres personajes que la editorial ha publicado sin solución de continuidad desde sus comienzos. Actualmente, la idea es que Batman no busca venganza, busca evitar que alguien más sufra la pérdida que él sufrió. O, por usar las palabras de Superman en Kingdom Come, cuando uno raspa la cáscara que rodea a Batman, se encuentra con una persona que no quiere que nadie muera.
Una de las claves del éxito de Batman es su galería de villanos, comenzando por el Joker (el Guasón), creado por Jerry Robinson, uno de los mejores ayudantes que tuviera Kane, y que también fuera responsable de la creación de Robin, The Boy Wonder, el compañero de fatigas del encapotado. El tipo es un comediante fracasado completamente demente y cruel que tiene una piel blanca como la lepra y una afición por los chistes malos. Es el reverso exacto de Batman, al menos en cuanto él es totalmente caótico y amoral. Cada tanto se fuga del Arkham Asylum, el manicomio local, y se manda algunas fechorías. Mata a sus víctimas con un gas que provoca un rigor mortis similar a la mueca de la risa; luego deja un naipe como recuerdo en el lugar del crimen. Luego tenemos a Harvey Dent, quien fuera antes el fiscal de distrito, un tipo incorruptible hasta que un mafioso desfigurara la mitad de su rostro con ácido, lo que le provoca un desdoblamiento de la personalidad: ya no es “yo”, sino “nosotros”, y sus dos personalidades son detestables, aunque tiene su lado bueno de vez en cuando. Se viste con unos trajes que son mitad de un color y mitad de otro y usa una moneda de dos caras marcadas para decidir su destino. Finalmente decide dedicarse al crimen con el nombre de Two-Face, o Dos Caras; su función es representar lo que Bruce Wayne hubiera podido llegar a ser si se hubiera dejado llevar por el odio en su estado más puro.
También está Oswald Cobblepot, alias The Penguin (el Pingüino), el aristócrata del crimen, un tipo al que ninguna mujer tocaría ni con un chorro de soda; sin embargo, el Pingüino es muy inteligente y emplea esa inteligencia en matufias y contrabandos varios que le proveen de unos ingresos estables mientras planea sus golpes, y hete aquí que es un tipo muy bien conectado con cuanto informante camine por la ciudad. Su chifle particular corre por el lado de su afición por las aves y los paraguas, que siempre usa en sus latrocinios. Por su parte, Edward Nigma se decanta por el lado de los acertijos, y anuncia sus crímenes con alguna clase de adivinanza, de ahí su nombre de guerra, The Riddler (El Acertijo). Luego tenemos a los diversos malandras que tomaron el nombre de Clayface (Cara de Barro), cuyos atributos pasa-ban mayormente por la posibilidad de alterar su apariencia física y hacerse pasar por otro. El científico Victor Fries, más conocido como Mr. Freeze (Sr. Frío), no puede moverse sin su traje aislante que lo mantiene a temperaturas inhumanas; con el cerebro congelado no se puede hacer mucho. La doctora Pamela Isley (Poison Ivy, Hiedra Venenosa) es una especialista en toxinas bastante chapita que ama a los vegetales en proporción directa a su odio por los seres humanos. Selina Kyle (Catwoman, Gatúbela) es un personaje ambiguo, una prostituta retirada que se disfraza de gato (que es más o menos lo mismo, al menos en este país) y según cómo se haya levantado, ayuda a Batman o trata de liquidarlo. Otros villanos: Scarface (el villano es el muñeco, pero el loco, por supuesto, es el ventrílocuo), Killer Croc (un asesino caníbal), Scarecrow (Espantapájaros), un tipo que se disfraza para asustar a sus congéneres, y otros tantos villanos que omitiré por no hacerme pesado. Aunque no voy a omitir a Ra’s Al Ghul (Cabeza del Demonio), líder de una secta de alcance global que busca el dominio mundial. Lo interesante es que Ra’s sabe que Bruce Wayne es Batman; incluso a veces se aparece por la baticueva a saludar. El tipo quiere que Batman sea su sucesor, e incluso trata de engancharlo con su bella hija Talia: Batman se niega a poner la firma en el civil, aunque no a poner los cromosomas, ya que eventualmente se las arregla para embarazar a Talia, en la saga Batman: Son of the Demon, que está incluida en la continuidad oficial. Tengo que aclarar esto acerca de la continuidad porque el universo DC está lleno de “historias imaginarias” o elseworlds, en los que se cuentan historias que nunca han sucedido “oficialmente”, como, por ejemplo, Batman enfrentándose a Drácula en Red Rain (Lluvia roja), que finaliza con el encapotado convertido en vampiro, para hacerla completa; o Reign of Terror (Reinado de terror), que nos muestra a un Batman ambientado en la Revolución Francesa. Muchos de estos elseworlds no son más que pasatiempos sin mucho trasfondo, pero sin embargo, de vez en cuando surge alguna propuesta más que interesante, como la serie de The Dark Knight Returns (El regreso del caballero oscuro), de Frank Miller, lanzado en 1986 y responsable de buena parte de los cambios que sufriera el personaje en los 90. En esa historia tenemos a un Batman envejecido que intenta enfrentarse a un establishment que se ha vuelto casi indestructible. No quiero contar más en consideración a los tres o cuatro que aún no lo han leído y que bien harían en hacerse de un ejemplar aunque eso signifique inmolar al pobre chancho alcancía en aras de la cultura comiquera.
Afortunadamente, Batman no sólo tiene enemigos: tiene unos cuantos aliados, comenzando por su fiel mayordomo y confidente, Alfred Pennyworth. En los cómics el mayordomo ronda los 60 años, es calvo y tiene un discreto bigote. En el cine, se insiste en mostrarlo como un viejo senil de blanca cabellera, más cerca del arpa que de la guitarra. No hablemos del Alfred de la serie de TV, que servía sólo como comic relief en una serie ya de por sí absurda.
Luego tenemos al Comisionado de Policía, James Gordon. En los cómics el tipo resulta un buen aliado en medio de la corrupción policial y las intrigas políticas; en la serie de TV el tipo es un imbécil, en el ci-ne, un inepto. El Gordon de los cómics es un policía de ágil razonamiento, valiente y arriesgado, a quien Batman ha legado a ofrecerle el develarle su identidad, pero ha rehusado el ofrecimiento. Su hija Barbara, bibliotecaria de oficio, tiene sus secretos: en un principio combate el crimen como Batgirl, hasta que el Joker la deja paralítica en el especial The Killing Joke (La broma asesina), una exquisita historia con guión de Alan Moore y dibujos de Brian Bolland.
Eventualmente Batman se decide a tomar un compañero de aventuras y toma a un huérfano circense y lo pone en una suerte de pasantía superheroica, para que el niño aprenda de primera mano los dimes y dire-tes de la lucha contra el crimen. Debiéramos decir acerca de Robin, que hasta ahora tenemos contados a tres de ellos: Dick Grayson (Robin 1), el Robin original, Ricardo Tapia para los mexicanos, el joven entenado (y no entrenado, amigos) de Bruce Wayne. Eventualmente el niño crece y se convierte en Night-wing (Ala nocturna), siendo a su tiempo reemplazado por Jason Todd (Robin 2), quien acaba siendo la víctima de la miniserie A Death in the Family (Una muerte en la familia), muriendo a manos del Joker en el África debido a una desafortunada serie de eventos que comenzó cuando a los cerebros de DC se les ocurrió hacer una encuesta acerca de si liquidaban al Joven Maravilla o no, y el resultado fue decidido por unos pocos votos: 5343 por la eliminación, 5271 por mantenerlo con vida. El Robin actual es Tim Drake (Robin 3), un hacker adolescente que en sus ratos libres se dedica a resolver crímenes en su propia revista.
Otros aliados suelen ser Superman (con quien ahora comparte revista), Black Canary, Huntress, Spoiler, Sasha Boudreaux y todo aquel que haya pasado por la Justice League America (Liga de la Justicia América): Wonder Woman, Green Lantern, Flash, Atom, Hawkman, Mister Miracle y siguen las firmas. Batman no tiene una sino varias revistas: no sólo es el protagonista excluyente de Detective Comics, sino la que lleva su nombre, más diversos números especiales y miniseries. De hecho, el encapotado suele ser un personaje ubicuo, apto tanto para un barrido como para un fregado, que aparece oportunamente en cuanta revista necesite levantar sus ventas.
En 1943 Columbia Pictures lanza el serial apropiadamente titulado BATMAN, con Lewis Wilson como Batman y Douglas Croft en el papel de Robin. En vez de combatir a los habituales villanos, en esta cinta el Dúo Dinámico persigue a un espía japonés (recordemos la fecha). Seis años más tarde es el turno de Batman and Robin, con Robert Lowry y John Duncan en los papeles principales. Obviamente, estos se-riales se hacían con un presupuesto bajísimo y carecían de toda la parafernalia que luego asociaríamos con el Hombre Murciélago; por ejemplo, en vez del Batimóvil el tipo tenía un auto negro cualunque, y gracias. De todos modos, la intención era seria, a diferencia de esa sublime farsa de finales de los 60 que llevó a una suerte de estrellato de pacotilla a Adam West (Batman) y Burt Ward (Robin). Odiada por unos, amada por otros con igual intensidad, los episodios de 30 minutos eran un ejercicio en sátira kitsch en los que se exageraban las inconsistencias de los cómics. La serie con excelentes actores recurrentes: César Romero como el Guasón, Burgess Meredith como el Pingüino, Victor Buono como el Rey Tut, este último uno de los varios villanos creados especialmente para la serie: un profesor de historia bueno como el pan, que recibe un ladrillazo en la cabeza durante una manifestación estudiantil de resultas del cual se cree que es un malvado faraón egipcio. Vuelvo sobre el tema de la duración: en Estados Unidos el formato de comedia es de 30 minutos, el de las series “serias” es de una hora. Por supuesto, Batman dura-ba media hora. Al final de cada episodio dejábamos a los encapotados en alguna terrible situación de la cual saldrían airosos en los primeros dos minutos del próximo episodio. Esta serie popularizó entre noso-tros las versiones mexicanas de los nombres de los protagonistas que luego leeríamos en las ediciones de la Editorial Novaro: Bruce Wayne era “Bruno Díaz”, Dick Grayson era “Ricardo Tapia” y el Comisiona-do Gordon era el “Comisionado Fierro”. Sin embargo, Alfred no era “Alfredo”. La serie sólo duró dos temporadas (1966-68) y luego pasó a mejor vida. Más adelante, Batman volvería a la TV, pero en forma de cartoon: primero en la olvidable The New Adventures of Batman and Robin (Las nuevas aventuras de Batman y Robin, 1977-78), que contaban con el insoportable Bat-mite (Batiduende) y terminaban cada episodio con una bati-moraleja. Mucho después, en 1992, Bruce Timm y Paul Dini lanzarían Batman: The Animated Series, un éxito que renovó las técnicas de animación y dio lugar a varias continuaciones.
Vamos con el celuloide, con las películas: tenemos la de Leslie Martinson con West y Ward y algunos villanos de la serie de TV, las dos de Tim Burton, las dos de Joel Schumacher, la de Christopher Nolan.
La película de Martinson (1966) es un subproducto de la serie de TV, y si la consideramos en ese contex-to, no está ni mejor ni peor que la serie. Los diálogos son terribles, las situaciones son imposiblemente irreales y sin embargo la película funciona, sin duda en gran medida debido a que contiene cuatro villa-nos emblemáticos: Joker (César Romero), Penguin (Burgess Meredith), Riddler (Frank Gorshin) y Cat-woman (Lee Meriwether en reemplazo de Julie Newmar, que seguramente tenía cosas mejores que hacer).
La primera película de Burton (1989) le inyectó nueva vida al personaje, que venía en franca decadencia desde la cancelación de la serie de TV en 1968. Uno recuerda aún hoy el aluvión de merchandising, y el atrozmente simpático Batman Club, perpetrado por Macu Mazzuca en las tardes de canal 13. Por supues-to, la película ES Jack Nicholson como el Joker, más allá de la alucinógena ambientación de Anton Furst y la correctísima actuación de Michael Keaton como Bruce Wayne/Batman.
La segunda película (1992) se enfrentaba al problema de cómo igualar el poder estelar de la primera: ya no se podía reutilizar el Joker, ya que Batman lo había arrojado desde lo alto de un campanario y además Nicholson ya estaba en otra cosa. Se recurre a dos villanos del cuarteto de los 60, esta vez Danny de Vito (con toneladas de maquillaje) como el Penguin y Michelle Pfeiffer como Catwoman, quien esta vez no es una prostituta, sino una humilde dactilógrafa al servicio de Christopher Walken. No tan buena como la primera, o casi. Prosigue la política de la empresa de liquidar a los villanos: el Penguin muere ahogado y Catwoman electrocutada (sí, sí, ya sé que al final se ve la silueta, pero ¿volvió a aparecer en la serie? –el bodrio de Halle Berry no cuenta).
En la tercera película (1995) los productores debían causar un cierto impacto que limitara el daño causado por la deserción del director Burton, reemplazado esta vez por un sucedáneo de menor calidad. Con esa idea en mente, introducen a Dick Grayson/Robin (Chris O’Donnell), con lo que eliminan la idea de la cruzada solitaria que tan bien había funcionado en las dos entregas anteriores. Usan el último de los bue-nos villanos de los 60 y contratan a Jim Carrey, un excelente mimo con facilidad para la comedia, fres-co del éxito de La Máscara (The Mask, 1994), para el papel del Riddler. Para completar el par de villanos de rigor reemplazan a Billy Dee Williams (quien ya fuera Harvey Dent en la película de 1989) por Tommy Lee Jones, un buen actor pero que sin embargo naufraga en una película que aburre luego de los primeros diez minutos. El golpe de gracia lo asesta un Val Kilmer ya en decadencia con su aburrida in-terpretación de un Bruce Wayne casi subnormal. En fin.
La cuarta película (1997) cuenta (inexplicablemente) con el retorno de Schumacher, pero (afortunada-mente) no con el de Kilmer, aunque (desgraciadamente) con el casting de George Clooney (quien co-menzaba a gozar de una cierta fama como el Dr. Doug Ross en la serie ER) como Bruce Wayne/Batman, Uma Thurman (luego de Pulp Fiction) como Poison Ivy y el actual gobernador de California como Mr. Freeze. De nuevo, la película es un frenesí de ruido visual que no lleva a ninguna parte, ni nos interesa. Seguimos agrandando la bati-familia, esta vez con la inclusión de Batgirl (Alicia Silverstone), pero la co-sa no resulta. Los productores deciden esperar un poco, más exactamente unos ocho años, para probar con otro ángulo.
Y acá me pregunto... ¿quién ha sido el cráneo al que se le ha ocurrido traducir Batman Begins como Bat-man INICIA? Aunque más no sea, podrían haberle interpuesto un "se", como para morigerar un poco la gravedad de la ofensa. He visto la película y me ha gustado. Aunque, después de las últimas, olvidables entregas con Val Kilmer y George Clooney... hasta Bob Esponja haciendo de Batman sería un progreso. El inglés Christian Bale vuelve a hacerse el psicópata americano, aunque esta vez la va de psicópata bueno --todos sabemos que el tal Bruce Wayne es carne de diván; nadie con un poco de sensatez va a an-dar saltando por los callejones en calzoncillos largos. Para más heroicidades de Mr. Bale, sacar del video-club: Equilibrium, una suerte de Matrix de pacotilla con elementos de 1984 en la que Bale es un clérigo experto en gunkata que destaza enemigos por docenas. En otro orden de cosas, tenemos a Michael Caine que se prende en todas (desde bodrios infumables de Steven Seagal hasta la última de Austin Powers), y puedo decir que el tipo no desentona con su acento cockney, pero... ¿¡qué hace Morgan Freeman en una película de Batman!? (pienso en sus películas con Clint Eastwood y me digo que lo tenía por un actor más serio, aunque ahora que recuerdo... no era éste el que hizo de Dios en esa película de Jim Carrey...? También lo he visto---no, oído como el narrador de la reciente Guerra de los Mundos, por lo que me parece que Mr. Freeman debe estar amarrocando para asegurarse una buena jubilación). Acerca del argumento: volvemos a los inicios, como hicieran Frank Miller y David Mazzucchelli en su brillante miniserie Batman: Year One. En esta entrega vemos a Bruce Wayne iniciando su carrera como vigilante desde cero, y lo vemos confeccionando sus armas, recibiendo su entrenamiento y enfrentándose a sus primeros adversarios. La idea que nos deja la cinta (especialmente en su primera mitad) es la de un Batman posible, creíble, humano, muy alejado de las payasadas de Adam West o la vacía coreografía de las dos últimas entregas.
Con respecto al casting: Christian Bale es un excelente Bruce Wayne/Batman; su interpretación está a la par con la de Michael Keaton en la película de 1989, y por momentos incluso la supera, con la mezcla justa de dureza y vulnerabilidad que el personaje requiere. Gary Oldman es excelente como un conflic-tuado James Gordon, que, a diferencia de sus otras encarnaciones, no es un cretino rematado ni un inútil pasivo, sino que por el contrario, toma parte activa en el desenlace de la trama. Ralph Fiennes es un Ra’s Al Ghul bastante efectivo, mientras que Cillian Murphy hace lo que puede con su exiguo papel como Scarecrow. Morgan Freeman hace de Morgan Freeman haciendo de Lucius Fox, y sin embargo funcio-na bien dentro del conjunto. Una curiosidad: para ser alguien cuya vida depende del hecho de mantener su doble identidad en secreto, Bruce Wayne es bastante transparente. Hasta ahora, en cada película le revela su identidad a su interés amoroso de turno: lo hace con Kim Basinger, lo hace con Nicole Kidman… y en esta entrega también lo hace con Katie Holmes. En fin, detalles.
Tal vez la idea principal de Batman, lo que se les escapa a veces a los guionistas de cine, es la humanidad de Bruce Wayne. Batman no tiene superpoderes; sólo es un ser humano entrenado al tope de sus capacidades físicas y mentales. En teoría, todos podríamos ser Batman si pusiéramos el suficiente empeño. Eso lo diferencia, por ejemplo, de Superman, que es inalcanzable. Qué gracia, si las balas le rebotan. En cambio, Batman es sólo carne y sangre, como ya se comprobara cuando en la saga Knightfall el villano Bane le partiera la columna vertebral como si fuera un escarbadientes. ¿A qué vamos con esto? Tal vez a que Batman, con toda su oscuridad y conflicto interno, simboliza la posibilidad de sobreponerse a un destino terrible y enfrentarlo con las pocas armas que nos queden en nuestro cinturón de utilidades.

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Scar

Scar dijo

.

Rhas Al Ghul (el mejor y más interesante "villano" de la galería de Batman a mi criterio) es interpretado por Liam Nesson en Batman Begins (aclaración posterior -y ya sin sentido más que joder- al que lea este comentario: el 80% de la peli uno no sabe que Al Ghul es ESE).

Fuera de esta corrección...

Caballero, permitame decirle que su interpretación es impecable. Con criterio cinéfilo tanto como fidelidad al comic.

(Igual, para mí, que Jasson Todd haya muerto estuvo bueno, pero son gustos. Igual que la parálisis de Bárbara, le da más mística al Joker)

Un saludo
del León Marcado

17 Octubre 2008 | 07:21 PM

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Buenos Aires, Argentina
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Mientras estás leyendo esto, es muy posible que yo esté luchando con mi tablero de dibujo, o con mi cuaderno de notas, intentando algún progreso ya sea con mi cómic o mi novela. De vez en cuando también hago como que trabajo para vivir, por lo que posiblemente no le esté dedicando a este weblog tanto tiempo como quisiera. Lo único que te ruego antes de emitir un juicio acerca de mi cordura o falta de ella, tengas en cuenta mi alimentación mediática: las películas de James Bond de los 70, los cómics de superhéroes de la DC, las sátiras de Mort Drucker en la revista MAD, todas las películas de asesinos seriales de los 80, Oh Wicked Wanda! en la revista Penthouse (también en los 70) y por supuesto, Robert Crumb. (El título de este weblog lo he tomado prestado de una canción de Erica Eigen que pertenece a la banda de sonido de LA NARANJA MECÁNICA, de Kubrick.) Últimos libros que he leído: ONE DAY IN THE LIFE OF IVAN DENISOVICH, de Aleksandr Solzhenitsyn (Penguin) LOS VERSOS SATÁNICOS, de Salman Rushdie (Grijalbo) Estoy leyendo: SEXO Y CARÁCTER, de Otto Weininger (Losada) BOOGIE EL ACEITOSO, de Fontanarrosa (el libraco recopilatorio que editó De la Flor) WHY I HATE SATURN, de Kyle Baker (DC USA).

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