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Ideas robadas con total desparpajo y denostadas desde la más absoluta ignorancia. También dibujitos desanimados, videos, y si hay suerte, algo de música (medio de cotelé).

10 Septiembre 2005

Las listas de Wilde y otras divagaciones sobre libros y lecturas

Hacía mucho tiempo que no revolvía las bateas de usados de Libertador (Corrientes casi Talcahuano), pero hoy he ido y me he llevado una copia en buen estado de LOS VERSOS SATÁNICOS, de Salman Rushdie, un libro que me despierta cierta curiosidad. ¿Era para tanto? Un par de horas antes me he dejado ver por Lucas (Corrientes casi Libertad) y me he alzado con una copia de ENSAYOS DE INTIMIDAD, de Santiago Kovadloff, de modo que ya tengo qué leer este fin de semana que se plantea màs bien pluvial. Sin embargo, tengo pensado invertir las horas de este finde en el tablero, puliendo algunos bocetillos. Mientras tanto, republico esto que salió originalmente en EL PASAJERO y que creo que tiene su interés:
Revolviendo las bateas de mi habitual rebusque de libros usados me pongo a hojear una recopilación de ensayos de Oscar Wilde, y doy con uno que clasifica los libros en tres categorías: los que uno debiera leer, los que uno debiera releer y los que uno no debiera tocar ni con un chorro de soda. Para Wilde, esta última lista (la de los libros a evitar) es la más importante.
La vida es corta y los libros son muchos. Ya calculaba Gabriel Zaid en 1972: "Leyendo un libro por semana, se requieren treinta años para leer lo que se publica en un día"(1). Uno se va a la Biblioteca del Congreso y recorre las fichas de los libros que nunca leerá, y decide hacerse un plan de lecturas. ¿Cómo puede uno morirse sin haber leído al menos una obra de _________? (Espacio a rellenar por el lector.)
Y el problema sigue siendo el tiempo. A menos que uno sea un prosélito de ILVEM, uno lee despacio, degustando cada palabra –y a veces sucede que uno simplemente no desea que el libro se termine. Neruda: "Un bibliófilo pobre tiene infinitas ocasiones de sufrir. Los libros no se le escapan de las manos, sino que le pasan por el aire, a vuelo de pájaro, a vuelo de precios."(2) Sin embargo, existen las librerías de saldos y usados. La avenida Corrientes, los puestos de Parque Rivadavia, los de Plaza Italia. Lugares donde uno encuentra lo que necesita a fuerza de perseverancia y mucha paciencia para revolver en las bateas hasta encontrar la pieza buscada. Pongamos por caso una edición del PRÍNCIPE de Maquiavelo sin las anotaciones que suelen atribuirse a Napoleón: uno va y encuentra una edición con las anotaciones, y la rechaza. Vuelve a los tres días, y encuentra una sin las anotaciones, pero a la que le faltan veintidós páginas y tiene una quemadura de cigarrillo en la tapa. A la semana da con una edición relativamente reciente, pero con las notas, al precio de un trasplante de hígado. A los dos meses (o a los seis, o a los dos años) encuentra la edición que buscaba, en un estado aceptable (sin tachaduras, anotaciones hechas con marcador indeleble o dibujos infantiles) y a un precio razonable (o al menos regateable). Y si no, siempre nos quedan las bibliotecas públicas.
Montaigne: "No me muerdo las uñas si hallo dificultades al leer; ahí los dejo, tras haberles hincado el diente dos o tres veces.
"Si en ellas me emperrara, me perdería y también perdería el tiempo; pues tengo una mente primaria. Lo que no veo de entrada, menos lo veo obstinándome en ello... Si este libro me resulta enfadoso, cojo otro; y sólo me dedico a él en las horas en que el aburrimiento de no hacer nada empieza a apoderarse de mí."(3)
Y uno tiene una pila (considerable a estas alturas) de libros que intenta leer, pero por alguna razón inextricable le resultan más bien arduos, aunque uno no pierde las esperanzas. No he podido pasar del segundo capítulo de la METAFÍSICA de Aristóteles, y a veces me pregunto: ¿se tratará de algún problema glandular, falta de fósforo o simplemente mi destino? Lo mismo me pasa con la TEORÍA ESTÉTICA de Adorno, y con algunos otros.
Tal vez uno debiera prepararse una versión personal de las listas de Wilde. Las dos primeras son relativamente fáciles de compilar, tal vez en base a preguntas tradicionales como:
Si pudiera llevarme ocho libros a una isla desierta, ¿cuáles llevaría?
¿Cuáles libros intentaría salvar de un incendio?
Acá van dos listas parciales e incompletas como para que el lector pueda tener un punto de partida para armar las suyas con sus coincidencias y disidencias:
Leer (al menos una vez):
Julio Cortázar, RAYUELA
Nick Hornby, ALTA FIDELIDAD
Albert Camus, LA PESTE
Camilo José Cela, LA COLMENA
Stephen Hawking, HISTORIA DEL TIEMPO
Maquiavelo, EL PRÍNCIPE
Releer (y conservar):
Michel de Montaigne, ENSAYOS
Robert Graves, LOS MITOS GRIEGOS
Jorge Luis Borges, FICCIONES
Jorge Luis Borges, EL ALEPH
John Steinbeck, LAS UVAS DE LA IRA
Bertrand Russell, POR QUÉ NO SOY CRISTIANO
(En realidad, ambas listas contienen libros leídos, y que por lo general, uno conserva. Pero por lo general uno ha leído unos cuantos libros más de los que posee. Alejandro Rozitchner suele contestar a quienes le preguntan si ha leído todos los libros que tiene en su biblioteca: "No he leído ni la mitad de los libros que tengo, y no tengo ni la mitad de los que he leído".)
La tercera lista también contiene libros leídos, al menos parcialmente (contiene libros leídos parcialmente y contiene parcialmente libros leídos). En ella entran los apóstoles del pensamiento positivo, los psicólogos televisivos y los aforistas vernáculos.
Posdata de septiembre de 2005: revisando la lista de mis libros, muy posiblemente quitaría algunos y agregaría otros. No termino de determinar si eso es bueno o malo.
NOTAS
(1) Gabriel Zaid, LOS DEMASIADOS LIBROS, Buenos Aires, Carlos Lohlé, 1972, p. 28; cálculo basado en los 500 mil títulos editados en 1970.
(2) Pablo Neruda, CONFIESO QUE HE VIVIDO, Buenos Aires, Círculo de Lectores, 1975, p. 292.
(3) Michel de Montaigne, "De los libros", en MAESTRO DE VIDA, Barcelona, Debate, 2000, pp. 86, 87.
Partes de este post fueron previamente publicadas en EL PASAJERO Nº25 y en QUIERO CASARME CON UN GUARDAFAROS.
©Hugo Casamor 2004-2005

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Mientras estás leyendo esto, es muy posible que yo esté luchando con mi tablero de dibujo, o con mi cuaderno de notas, intentando algún progreso ya sea con mi cómic o mi novela. De vez en cuando también hago como que trabajo para vivir, por lo que posiblemente no le esté dedicando a este weblog tanto tiempo como quisiera. Lo único que te ruego antes de emitir un juicio acerca de mi cordura o falta de ella, tengas en cuenta mi alimentación mediática: las películas de James Bond de los 70, los cómics de superhéroes de la DC, las sátiras de Mort Drucker en la revista MAD, todas las películas de asesinos seriales de los 80, Oh Wicked Wanda! en la revista Penthouse (también en los 70) y por supuesto, Robert Crumb. (El título de este weblog lo he tomado prestado de una canción de Erica Eigen que pertenece a la banda de sonido de LA NARANJA MECÁNICA, de Kubrick.) Últimos libros que he leído: ONE DAY IN THE LIFE OF IVAN DENISOVICH, de Aleksandr Solzhenitsyn (Penguin) LOS VERSOS SATÁNICOS, de Salman Rushdie (Grijalbo) Estoy leyendo: SEXO Y CARÁCTER, de Otto Weininger (Losada) BOOGIE EL ACEITOSO, de Fontanarrosa (el libraco recopilatorio que editó De la Flor) WHY I HATE SATURN, de Kyle Baker (DC USA).

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