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La Coctelera

Todo lo que amas te será arrebatado

Ideas robadas con total desparpajo y denostadas desde la más absoluta ignorancia. También dibujitos desanimados, videos, y si hay suerte, algo de música (medio de cotelé).

1 Septiembre 2005

Viajes en el tiempo y paradojas en la ficción: Marty Mc Fly no ha "vuelto" al futuro, después de todo

Quienes gustamos del dibujo artístico conocemos la importancia de una buena goma de borrar, limpia, de la consistencia justa. Uno está preparando un boceto cualquiera y de pronto surge el error, previsible: una línea de más o mal trazada, un ángulo demasiado cerrado, demasiado abierto. Dejamos el lápiz, tomamos la goma, borramos, volvemos a tomar el lápiz y corregimos. No una, sino varias veces. Luego entintamos, y volvemos a corregir con témpera blanca, o raspando con una hojita de afeitar. En la vida diaria las cosas no son tan fáciles: no todos los errores son tan fáciles de corregir, y algunos errores demuestran ser tales sólo después de horas, días, meses después de haberlos cometido. Es en ese instante que uno desearía volver atrás en el tiempo, y no haber aceptado ese trabajo, comprado ese traje o salido de casa. Y entonces nos damos de bruces con el típico argumento de una película de viaje temporal: el héroe comete un error, viaja al pasado y lo corrige. Vuelve al futuro, y ve que las consecuencias de ese error ya no existen. ¿A quién no le gustaría tener esa posibilidad, aunque más no sea para disparar el retruécano oportuno que nos vino a la mente tres horas después del momento en que lo necesitábamos?
La ficción es un entretenimiento basado en la empatía: uno se proyecta en el protagonista y vive a través de él. Las premisas más socorridas acerca del viaje en el tiempo suelen ser:
a. volver atrás en el tiempo para corregir errores: ésta es la base de la serie de TV VOYAGERS (1982), en la cual Jon-Erik Hexum se la pasaba viajando por el flujo temporal corrigiendo el curso de la historia cada vez que ésta se desviaba de los carriles correctos; también lo es de la película GROUNDHOG DAY (1993), en la que Bill Murray vive vez tras vez los acontecimientos de las últimas 24 horas hasta que aprende a hacer las cosas bien y consigue llevarse al huerto a Andie Mac Dowell.
b. ver el futuro para conocer las consecuencias de nuestros actos: en la segunda parte de BACK TO THE FUTURE (1989), Marty (Michael J. Fox) ve que su futuro yo ha quedado lisiado a causa de un accidente de automóvil; en la tercera parte (1992), modifica su comportamiento (no participa en una picada a pesar de que lo tratan de cobarde) y evita el accidente.

LA OBRA EMBLEMÁTICA DE FICCIÓN CIENTÍFICA acerca del viaje temporal es THE TIME MACHINE (1895), de H. G. Wells: el protagonista crea un artefacto mecánico que le permite viajar en el tiempo. En el mundo positivista del s. XIX, todo es posible para la ciencia –incluso antes de Albert Einstein y sus teorías. En la versión cinematográfica de 2002 (reversión de la película de 1960), Guy Pierce fabrica la máquina con el propósito de viajar al pasado y evitar la muerte de su amada a manos de un asaltante. Cuando efectivamente viaja cuatro años en el pasado, no puede evitar que la chica muera, esta vez arrollada por un carro. El espectador avispado cae en la cuenta de que es imposible evitar la muerte de la fulana sin caer en una paradoja: el hecho de que la chica no esté más es lo que lleva al científico a construir la máquina, y si uno usa la máquina para evitar la muerte de la chica se elimina al mismo tiempo la causa de la existencia de la máquina.

Paréntesis: no todos los viajes en el tiempo pasan por la ficción científica. El filme de Bill Murray se basa en la magia, así como ENOCH SOAMES, el cuento de Max Beerbohm, utiliza al Diablo como catalizador, lo cual obvia cualquier otra explicación. Soames pacta con el Sr. D. y viaja al futuro para saber qué pensará la posteridad acerca de sus obras, sólo para descubrir que para los ingleses de 1997 él no será más que un personaje ficticio de un cuento de Max Beerbohm.

LA PIEDRA DE TOQUE EN LOS CUENTOS de ficción científica suele ser: ¿puede alterarse el pasado? Recuerdo un cuento de Ray Bradbury en el que un viajero temporal mata por accidente una mariposa pleistocénica y vuelve a un futuro que ya no es el mismo que había dejado. Hablando de lo cual...

En la primera película de la serie BACK TO THE FUTURE (1985), Marty viaja al pasado, antes de su nacimiento y antes de que sus padres siquiera se conozcan. Si bien Marty procura no interferir en el pasado, hete aquí que la chica que luego será su madre se enamora de él ignorando por completo al gaznápiro que luego sería su padre; por lo tanto la pareja inicial (padre y madre) no se forma, y tanto Marty como sus hermanos no tienen razón de ser; Marty se percata de esto al ver cómo sus hermanos mayores comienzan a esfumarse de una foto que él lleva en su billetera. Eventualmente se restaura el orden inicial, pero con modificaciones: el padre de familia es ahora un escritor de ficción científica, quien era antes el jefe abusivo es ahora un mequetrefe apocado, y así. (Nótese que Marty se llama así porque sus padres lo bautizaron en honor al tipo que los unió, que no es otro que el mismo Marty en 1955).

Observación: Marty no vuelve a su futuro original, sino a una versión mejorada de éste, la cual debiera a su vez haber producido otra versión de Marty, ya que éste conserva el recuerdo del viaje temporal y de la realidad (ahora alternativa) de la cual procede. En las próximas películas de la saga (1989, 1992) se retoma esta idea haciendo viajar a Marty a 2015, volver a 1985 y de ahí a 1885 y finalmente a 1985, momento en el cual la máquina del tiempo (una cupé DeLorean con modificaciones) es destruida y se cierra la historia. Ahora bien, este 1985 en el que termina la saga tampoco es el 1985 del inicio; ni siquiera lo es el del final de la tercera película. Marty cambia de línea de flujo temporal como un tren cambia de vías. Comparemos:
1985 original: el padre de Marty es un nerd fracasado.
1985 versión 2.0: el padre de Marty es un escritor exitoso.
1985 versión 3.0: el padre de Marty está muerto (asesinado por unos matones).
1985 versión 4.0: el padre de Marty es un escritor exitoso.
Nótese asimismo que al frustrarse el encuentro entre los padres de Marty, los hijos no desaparecen al instante, como una pompa de jabón, sino de a poco y en orden descendente; por lo tanto, podemos colegir que en esta película el flujo temporal requiere un cierto tiempo para reacomodarse (de lo contrario, la película se hubiera terminado a la media hora de haber comenzado). Paradojas dentro de paradojas: si Marty desapareciera, es decir, si Marty no hubiera nacido, con él desaparecería la razón de su propia desaparición.

Por otra parte, los viajeros temporales de la saga de TERMINATOR vienen desde el futuro para modificar el pasado de ellos, es decir “nuestro” presente. En la primera película (1984), las máquinas envían a un cyborg al pasado para que se cargue a Sarah Connor (Linda Hamilton) antes que que pueda siquiera concebir al futuro líder de la resistencia; a su vez John Connor (el nonato en cuestión) envía a su mejor amigo Kyle Reese (Michael Biehn) para que proteja a quien eventualmente será su madre. El resto de la historia es conocido: Kyle le llena la canastita a Sarah y acaba siendo el padre de su amigo (un pequeño homenaje de los guionistas al Martín Fierro), lo cual prueba que en la lógica de esta película (y las siguientes), el futuro y el pasado están ligados y no pueden modificarse. En las otras dos películas (1991, 2003), las máquinas vuelven a intentar cargarse a John Connor y éste trata de detener el avance de Skynet. Tanto las máquinas como Connor fracasan miserablemente, ya que en esta “realidad”, no puede cambiarse de carril: tanto la rebelión de las máquinas como la existencia de Connor son hechos que no pueden modificarse, y lo único que consiguen los viajeros en el tiempo es reforzar la realidad: si Kyle no hubiese viajado a 1984, John Connor no hubiese nacido, y si el primer Terminator no hubiera sido destruido, no se hubiera podido desarrollar la tecnología Skynet. Es el planteo de la tragedia clásica: cada paso que damos para evitar un evento sólo nos acerca más a él. Un ejemplo al pasar: Edipo se entera de que el oráculo predijo que él mataría a su padre; para evitarlo, abandona Corinto, donde vive con quienes él cree que son sus padres. En las afueras de Corinto se topa con un extranjero que lo insulta; mata al extranjero. Éste resulta ser Layo, su verdadero padre.

En la serie de TV THE TIME TUNNEL (1966-67), la máquina es una suerte de pasadizo ubicado en una instalación militar norteamericana. Las cosas salen mal y los protagonistas (James Darren y Robert Colbert) se la pasan rebotando entre el pasado y el futuro, viajando no sólo en el tiempo sino en el espacio (la máquina de Wells permanecía en el mismo lugar; el DeLorean de Marty nunca va más allá de Hill Valley). El dúo viaja de este modo a Francia, Egipto e incluso Argentina (en un improbable fin del mundo en 1978), tomándose una de las tantas licencias artísticas de esta serie: dondequiera fueran a parar los protagonistas, siempre se topaban con angloparlantes, aún en el Israel de los tiempos patriarcales o en la mismísima Edad de Piedra.Lo mismo sucedía en la ya mencionada VOYAGERS, en la que los protagonistas (Hexum y el insufrible Meeno Peluce) utilizan una suerte de brújula espaciotemporal que indica con una luz verde o roja el estado de la situación, cumpliendo el papel de guardianes del orden que de modo similar sobrellevaría luego el incalificable Jean-Claude Van Damme en TIMECOP (1995), si bien este último se ocuparía más bien de arrestar viajeros descarriados que intentaran utilizar sus conocimientos del pasado invirtiendo en Wall Street o en las carreras de caballos. (Una idea similar se utiliza en la segunda parte de Volver al futuro.)

No siempre los viajes en el tiempo son voluntarios: en MILLENNIUM (1990), los pasajeros de vuelos siniestrados en el s. XX son extraídos de las aeronaves segundos antes de la colisión y proyectados al futuro; en FREEJACK (1995), Emilio Estévez es transportado al futuro en el preciso instante en que el bólido que pilotea se estrella contra un cartel publicitario –el propósito de este transporte espaciotemporal es usar el cuerpo de Estévez como receptáculo de la personalidad de Anthony Hopkins (lo cual no suena tan mal, teniendo en cuenta el escaso talento actoral del primero). Nótese que en ambas películas el efecto sobre el presente es nulo.

EL PRINCIPAL PROBLEMA CON LOS VIAJES EN EL TIEMPO consiste en su intrusividad. Uno se mete en el pasado y, aunque no haga, no toque, no rompa, no hable, uno está ahí donde no debiera estar. Creo haber leído acerca de algo llamado el principio de Heidelberg, que podría resumirse así: la observación es de por sí una intrusión. Si introduzco un termómetro en un líquido para medir su temperatura, el mismo termómetro produce una variación en la temperatura. ¿Cómo hacer que un viaje no resulte intrusivo? En la serie QUANTUM LEAP(1989-93), Scott Bakula salta de un punto al otro del espaciotiempo usurpando cuerpos, sin presencia corporal propia. Dicho de otro modo, el tipo se mete dentro del cuerpo de otra persona que pertenezca al momento que está visitando. Aún así, el cambio de personalidad resultante continúa siendo intrusivo.

A ESTA ALTURA DEL ARTÍCULO ya podemos inferir algunas reglas para los viajes en el tiempo: no tocar, no romper, no alterar el flujo de los acontecimientos, evitar las paradojas... como, por ejemplo, buscarse a sí mismo en 1968, o cosas así. Van Damme se deshace de Ron Silver (el villano en TIMECOP) forzándolo a establecer contacto físico con su yo del pasado, lo que provoca una paradoja y la aniquilación de ambas versiones del fulano.

Vayamos ahora al aspecto “serio” de los viajes en el tiempo, algo que suele resultar engorroso de explicar. Para no complicarla demasiado, bajo algo de data de la página de Steve Preston sobre viaje en el tiempo y leo acerca de la Teoría General (1915) de Einstein, en la cual él, entre otras cosas, teoriza acerca de la influencia de la fuerza de gravedad sobre el flujo temporal: la idea básica sería que la gravedad hace que el tiempo fluya más lentamente.

Y acá nos encontramos con los campos gravitatorios más formidables que se conozcan: el interior de los agujeros negros. Un agujero negro es una estrella que ha implosionado y tiene un campo gravitatorio tan fuerte que ni siquiera la luz puede vencerlo. El borde de un agujero negro es denominado horizonte eventual, ya que desde ahí la luz no puede escapar. Algunos científicos creen que dentro del horizonte eventual la materia colapsa en un objeto sin dimensiones pero de densidad infinita conocido como una singularidad. Otros sostienen que esto no es así y que el espacio-tiempo forma una superficie cerrada sin un límite definido. Así, en palabras de Preston, “un agujero negro no sería una brecha en el espacio-tiempo, sino algo más parecido al hoyo de una rosca”. Esta segunda teoría abre la posibilidad de usar agujeros negros para pasar a otros rincones del universo sin despeinarse, abriendo un túnel en el espacio-tiempo llamado gusanera, una suerte de atajo no sólo a través del espacio, sino también a través del flujo temporal.

Ahora bien: ¿cómo viajamos en el tiempo? La clave parece ser sencilla: viajar a velocidades mayores que la de la luz. Al acercarse a la velocidad de la luz (c en la ecuación de Einstein), el tiempo transcurre cada vez más lentamente, hasta que al llegar a c se detiene por completo. Una vez que la velocidad sobrepasa c el tiempo comienza a moverse hacia atrás (tiempo negativo).

Y entonces entramos al terreno de las paradojas. Un tipo viaja al pasado y asesina a su abuela en el momento de su nacimiento. En teoría el viajero no debiera nacer, de modo que el viaje nunca se realizaría; pero si el viaje nunca sucedió entonces la abuela habría nacido lo cual significaría que el viajero también habría nacido, y por lo tanto podría hacer el viaje... etcétera.

HAY DOS FORMAS de resolver esta paradoja. La primera es que el pasado está ya definido, o dicho de otra manera, que todo lo que haya sucedido o deba suceder, incluyendo el intento de parte del viajero de matar a su abuela, no puede ser alterado y por lo tanto nada puede cambiar el curso de la historia. En otras palabras, el viajero siempre encontrará algún tropiezo (incluso su propia muerte) y no podrá llevar a cabo el crimen.

La segunda posibilidad es más compleja e involucra algo de mecánica cuántica. Dicho en pocas palabras: cuando el viajero mata a la abuela crea inmediatamente un nuevo universo cuántico, en esencia un universo paralelo en el cual la abuela nunca llegó a ser tal y donde nuestro viajero nunca nació. El universo original sigue su curso, pero ya sin el viajero, que fue a parar al otro universo, donde continuará su existencia. (esto es en esencia lo que hace Marty en la serie de películas BACK TO THE FUTURE: un mero cambio de vías).

Entonces: ¿se puede deshacer lo que se ha hecho? Estas especulaciones vienen dando vueltas desde hace largo tiempo. Nos cuenta Umberto Eco que “en una Quaestio Quodlibetalis, Tomás de Aquino (5.2.3) se pregunta si ‘utrum Deus possit virginem reparare’, es decir, si es posible devolver a su inmaculada condición original a una mujer que ha perdido la virginidad. La respuesta de Tomás es clara. Dios puede perdonar y, así, devolver la virgen a su estado de gracia y puede, por medio de un milagro, restituirle su integridad corporal. Pero ni siquiera Dios puede hacer que lo que ha sido no haya sido, porque semejante transgresión de las leyes del tiempo sería contraria a su misma naturaleza. Dios no puede transgredir el principio lógico según el cual ‘p ha ocurrido’ y ‘p no ha ocurrido’ resultan contradictorios. Alea jacta est.” (Umberto Eco, Interpretación y sobreinterpretación, Cambridge, Cambridge University Press, 1992, p. 31).

Más especulaciones ociosas: Stephen Hawking sostiene (en una teorización muy interesante) que la misma naturaleza de la física no permite la construcción de una máquina del tiempo; Carl Sagan dijo alguna vez que la civilización humana habrá desaparecido mucho antes de que se haya podido fabricar una máquina tal. Mientras tanto, la ficción seguirá suministrándonos excusas cada vez más perfectas para creer que lo improbable es posible.
©2004-2005 Hugo Casamor
Previamente publicado en EL PASAJERO Nº24 (febrero 2004), republicado con modificaciones.

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