Psicópatas, asesinos seriales, necrófilos: depredadores de la fauna urbana
Ya sé que estoy piantao, piantao, piantao... --Horacio Ferrer, BALADA PARA UN LOCO(1969)
LOS MOTIVOS SON DIVERSOS y sin embargo similares: sexo, poder, manipulación, dominio, control. Algunos escuchan voces que les ordenan matar, otros buscan librar a loa sociedad de elementos indeseables. Hay quienes matan porque el acto de matar en sí mismo les causa placer; Otros se gratifican sexualmente mediante el sadismo. Algunos asesinos buscan nuevas experiencias; otros persiguen el control absoluto sobre la vida y la muerte de otras personas. No se trata de "locos lindos", sino de una variedad mucho más peligrosa y un tópico que da para todo: desde el enfoque seudo científico al morboso, desde el humorístico al apocalíptico --todo esto por supuesto imposible de canalizar en unas pocas páginas, pero haremos el intento.
LO PRIMERO QUE UNO DEBE HACER para no mezclar los tantos es separar al asesino serial del asesino de masas. Un asesino serial es alguien que no tiene nada mejor que hacer y se carga a sus víctimas una a una en una serie de incidentes (es decir, no en un mismo incidente). Otra definición puntualiza: más de tres víctimas, de a una por vez, en un intervalo relativamente breve. Un tipo que entra en la oficina de correos con un rifle automático y mata a 35 personas es un asesino de masas. Uno que se carga a esas 35 personas de a una por vez es un asesino serial, y de eso me voy a ocupar en estas páginas –como para poner una cuota de morbo entre tanta literatura de alto nivel.
Los asesinos seriales suelen ser hombres blancos heterosexuales entre 20 y 40 años, con disfunciones sexuales y baja autoestima. Sus ataques suelen ser casi siempre de naturaleza sexual. Sus matanzas son por lo común parte de una fantasía elaborada que llega al clímax en el momento de la muerte de la víctima. Los asesinos seriales por lo general matan a desconocidos y luego se llaman a sosiego hasta el próximo crimen. Muchos se dedican al canibalismo o a la necrofilia; otros tantos guardan partes de sus víctimas como trofeos o recuerdos. Los asesinos seriales suelen ser de naturaleza sádica. Muchos vuelven a la escena del crimen o a las tumbas de sus víctimas para fantasear acerca de lo que hicieron. A muchos les gusta involucrarse en la investigación de sus crímenes y disfrutan mofándose de las autoridades con cartas o con alguna pieza de evidencia estratégicamente colocada. Suelen escoger sus víctimas entre mujeres y niños de su misma raza. Sus víctimas preferidas suelen ser prostitutas, vagabundos y autoestopistas, aunque muchas veces el perfil de la víctima está determinado por algún trauma u obsesión que varía según el asesino: así, uno se dedicará a matar enfermeras, otro a matar repartidores, otro a matar gente obesa, etcétera. Otros se "disparan" en determinadas fechas o épocas del año, siempre de acuerdo a su obsesión. Así tendremos al tipo que sólo mata los miércoles de ceniza, o al que sólo mata lesbianas pelirrojas calvas con un cierto parecido a Droopy. Ted Bundy, por ejemplo, tenía preferencia por las víctimas con un determinado corte de pelo (melena corta, con raya al medio).
SI BIEN EL PRIMER ASESINO SERIAL de la modernidad es un inglés (Jack "el Destripador", 1888), los asesinos seriales parecen ser una ocurrencia yanqui del siglo 20. El más famoso es Ed Gein, quien inspiró películas como La masacre de Texas (The Texas chainsaw massacre, 1974). Sin embargo, ¿cómo olvidar a Jeffrey Dahmer, John Wayne Gacy, Ted Bundy o Henry Lee Lucas? La cuenta de cadáveres de Jack (que al fin y al cabo sólo llegó a cargarse a unas 5 prostitutas del West End ) ha sido superada por muchos de los que vinieron después: sin ir más lejos, Richard Speck se cargó a ocho enfermeras en una noche de 1965. De todos modos, no todos los asesinos seriales son norteamericanos: Javd Iqbal, condenado a muerte en 2000, fue hallado culpable de la muerte de más de un centenar de niños en Pakistán. El tipo estrangulaba a sus víctimas, luego los cortaba en pedazos y los arrojaba a un caldero con ácido (a un costo de unas 120 rupias por víctima, incluido el costo del ácido, según cálculos del propio Iqbal); terminó suicidándose en su celda en 2001. Delfina y María González eran las dueñas de un simpático prostíbulo en México; sin embargo, acostumbraban cargarse a sus empleadas cuando éstas dejaban de complacer a sus clientes, y también a quienes llegaran al burdel haciendo ostentación de dinero. La policía encontró los restos de once hombres, 80 mujeres y varios fetos. Bruno Ludke, un repartidor de una lavandería en Alemania, se cargó al menos a unas 80 mujeres entre 1928 y 1943, año en que fue capturado por la SS y ejecutado por inyección letal. Un caso más conocido es el de Andrei Chikatilo, apodado "el Hannibal Lecter ruso". El tipo vivía en Rostov, a 500 kilómetros de Moscú, y era maestro de profesión, (y a más buen vecino, hombre de familia, miembro del PC y sin embargo responsable de la muerte de más de 50 niños y adolescentes, con cuyos cuerpos mutilados ejecutaba rituales canibalísticos bastante siniestros.) Fue fusilado en 1994. En la Argentina tenemos al ilustre Carlos Eduardo Robledo Puch, apodado "el Ángel de la Muerte", un tipo que se cargó a 11 personas a principios de los 70. Comenzó como un ladrón de poca monta, hasta que en una caja fuerte encontró una pistola. El tipo se cargó incluso a sus cómplices, para no dejar testigos. Fue detenido en 1972 y condenado a perpetua en Sierra Chica, donde está hasta el momento de escribir esta nota.
En uno de tantos análisis, podemos dividir a los asesinos en dos categorías: los que se interesan en la ejecución del homicidio, y los que se interesan sólo en el cuerpo de la víctima. Los primeros suelen torturar y vejar a sus víctimas de diversas formas antes de quitarles la vida (y aún así, prolongan la ejecución lo más posible). Los segundos buscan la pasividad absoluta de la víctima y por tanto la ejecutan sin mayor trámite, pero se demoran días y aún meses con el cadáver, utilizándolo como alimento, vejándolo o simplemente conservándolo a modo de “compañía”.
Keppel: "Pienso que hay asesinos a quienes les gusta tener su experiencia sexual mientras la víctima está muriendo y no necesariamente cuando la víctima está muerta. Una vez un asesino me dijo: “El crimen no se termina hasta que yo lo diga”. Esa es toda una declaración y explica por qué no se encuentra necesariamente esperma en la escena, porque pueden muy bien abandonar el lugar, volver a sus hogares y fantasear acerca de la escena del crimen y masturbarse o tener sexo, incluso sexo normal con alguien. Mientras mantienen la fantasía, es suya. Es otra forma de posesión."
NECRÓFILOS Y OTROS CARROÑEROS
París, 1890. Una mujer es encontrada muerta en su casa, con su hijo durmiendo a su lado. La mujer había sido violada y luego concienzudamente destripada –por el hijo, según se descubrió luego—y él había introducido la mano en su vagina, perforando los órganos y extrayendo los intestinos por la misma ruta. Luego los arrojó sobre el hombro de la muerta, se acostó a su lado y se durmió. La autopsia reveló que la madre había muerto antes de que nada de esto ocurriera. Fue entonces cuando el hijo se encargó del cuerpo. El tipo fue enviado a un asilo sin mayores contemplaciones, ya que obviamente no tenía todos los caramelos en el frasco.
Un verdadero necrófilo sólo está interesado en el cadáver, no en la persona viva. Si mata, es sólo para conseguir un cuerpo. A menudo suele tratarse de una persona incapaz de siquiera intentar acercarse sexualmente a alguien vivo. A menudo los cuerpos no son frescos, sino que putrefactos o momificados. Algunos prefieren los huesos pelados. Aquellos que se alimentan de cuerpos descompuestos son necrófagos, en oposición a los caníbales, quienes prefieren carne fresca o consumen seres amados con fines espirituales. Algunos teóricos asocian esta condición con el sadismo, especialmente debido a que los necrófilos buscan mutilar o vejar el cadáver indefenso (a veces sólo alcanzando placer con la mutilación).
Erich Fromm hace una distinción entre necrofilia sexual y asexual. La primera consiste en el deseo de tener sexo con un cadáver; la segunda es la necesidad de estar cerca, manipular o desmembrar un cuerpo. La necrofilia es tanto real como simbólica. Esta gente desea un mundo sin vida y su búsqueda de control la hace peligrosa, ya que buscan el control absoluto a través de la muerte de la víctima. Más historias de fin de siglo: un hombre llamado Louis se enamora de una mujer casada y va a su casa cuando el marido estaba ausente. Cuando ella trata de defenderse, él le parte el cráneo con un hacha y luego viola el cuerpo mientras aún está tibio. Más tarde la desmiembra y asa la carne en el horno, comiéndose el corazón, un pecho y los genitales.
LO MÁS INQUIETANTE DE LOS ASESINOS SERIALES es el hecho de que puede ser cualquiera, y su comportamiento más allá del hecho de que sea un asesino serial, suele ser ejemplar. John Wayne Gacy animaba fiestitas infantiles, Bundy era un estudiante de abogacía más bien popular. ¿Hay alguna manera de detectar a un asesino serial? La opinión general entre los que saben es que no se puede. Sin embargo, conviene recordar algunas características que, si bien no son excluyentes, pueden ser de ayuda: la mayoría, como ya hemos dicho, es de raza blanca y matan dentro de su misma raza; la mayoría mata de manera personal (por ejemplo, estrangulando o apuñalando), casi todos matan a desconocidos. Robert Keppel, uno de los investigadores del caso Bundy, declara: "No creo que le gustara la idea de matar o mutilar a ninguna chica que llegara a ganarse su simpatía. Por eso las noqueaba en seguida, tan rápidamente como pudiera para tenerlas en una posición en la cual él pudiera tener total control sobre ellas. Control es lo más importante aquí, y poder lograrlo lo más pronto posible; eso y el hecho de que a él le gustaba lo que estaba haciendo." Hay también ciertas características psicosociológicas compartidas: abuso sexual en la niñez, alguna motivación sexual para el crimen y una personalidad antisocial.
En los psicópatas, la compulsión a matar se va tornando cada vez más apremiante. Pueden pasar meses y aún años desde el primer crimen hasta el segundo, pero el hiato entre éste y el tercero suele ser menor, y con cada nueva muerte los plazos se acortan. Además, entra en juego esa suerte de mecanismo de autodestrucción que suelen tener muchos de estos sujetos, que los mueve a dejar pistas y acertijos, como si quisieran ser capturados.
DON QUIJOTE, ESE PELIGROSO PSICÓPATA
¡A que ésta no se la esperaban! Tal vez la razón de su peligrosidad consista en que se lo presenta como un ejemplo a seguir. Un loco lindo, diríamos. Seguramente los hay, pero el personaje de Cervantes no era uno de ellos. Su locura le daba ocasión de sacar sus instintos asesinos, y si bien no consigue matar a nadie, no es por falta de voluntad sino por torpeza en la ejecución. Aún así, se las arregla para malherir a varias personas. ¿Por qué no lo encierran en un hospicio? Sencillamente, porque en esa época aún no existían. ¿Qué se hacía con los locos como Quijano? Andaban sueltos. Lecturas recomendadas acerca de este tema: Michel Foucault, HISTORIA DE LA LOCURA EN LA ÉPOCA CLÁSICA; Vladimir Nabokov, CURSO SOBRE EL QUIJOTE (donde el tipo se despacha a gusto acerca de la bestial de violencia física de la novela de Cervantes --¡y después nos quejamos de Jason Voorhees!). Mucho más acá en el tiempo, Bret Easton Ellis inicia la década de los 90 con AMERICAN PSYCHO: el protagonista es Patrick Bateman, un yuppie de 28 años que intenta llenar su vida hueca con una incesante serie de ataques, violaciones, mutilaciones y violencia sin sentido que forma parte de su rutina diaria.
LOCOS POR EL CELULOIDE
La primera película de asesino serial que a uno le viene a la mente es PSYCHO (1961), dirigida por Alfred Hitchcock y con Anthony Perkins como Norman Bates, un asesino travestido y necrófilo basado en el célebre Ed Gein. (En 1986 Perkins volverá al personaje, dirigido por Richard Franklin; en 1990 dirigirá él mismo una tercera parte.) Hitchcock vuelve al tema en 1972 con FRENZY, esta vez visto desde los ojos de un inocente, culpado por los crímenes del "asesino de la corbata".
Dos años más tarde se estrena THE TEXAS CHAINSAW MASSACRE, dirigida por Tobe Hooper, una película que causa mucho revuelo –más por lo que sugiere (ya desde el título) que por lo que realmente muestra.
En los 80 la producción de slasher movies (películas con asesinos seriales) alcanza su pico:
En 1980 se estrena FRIDAY THE 13TH, en la que la madre de un chico ahogado por descuido de los consejeros de una colonia de vacaciones se venga de ellos utilizando toda clase de implementos. No solamente había sangre, sino también algo de misterio, ya que no se conocía la identidad de la asesina hasta el final. Al año siguiente John Carpenter produce la segunda parte de HALLOWEEN (1977), dirigida por su protegido Rick Rosenthal, aunque el mismo Carpenter filma y agrega una cantidad de muertes explícitas para darle más color al guiso. Nótese que Michael Myers es el primer asesino sobrenatural en esta clase de películas (recuérdese el final de la primera parte). Sean Cunningham, el productor de la primera FRIDAY THE 13TH, toma esta idea de la inmortalidad del asesino y la aplica en la segunda parte (también de 1981), en la que el hijo de Pamela Voorhees regresa de la muerte convertido en un zombi asesino Indestructible, casi una fuerza de la naturaleza.
En 1984 Wes Craven estrena NIGHTMARE ON ELM STREET, en la que aparece por primera vez Robert Englund como Freddy Krueger, un asesino que opera desde el más allá a través de los sueños de sus víctimas. En 1986 Tobe Hooper estrena la segunda parte de THE TEXAS CHAINSAW MASSACRE (1974), a la que le sigue una mediocre tercera parte en 1990.
Tal vez la película más realista en su análisis sea HENRY: PORTRAIT OF A SERIAL KILLER (1989), de John McNaughton, en la que Michael Rooker encarna a un Henry Lee Lucas apócrifo, mucho más inteligente que su contraparte de la vida real.
Las pantallas se llenan de copias de la misma receta (lo que los norteamericanos llaman exploitation: una buena idea extenuada hasta el hartazgo): por ejemplo, las tres partes de SLEEPAWAY CAMP con su asesino transexual, el jardinero chamuscado de THE BURNING (1982) o el pelado eléctrico de SHOCKER(Wes Craven, 1989). Los asesinos seriales aparecen hasta debajo de las piedras; incluso Clint Eastwood se enfrenta a uno en THE DEAD POOL (1990), la última entrega de la serie de Harry el Sucio. La razón de este auge era el costo, ya que las slasher movies eran baratas: no requerían de grandes estrellas, ni suntuosos decorados, ni efectos especiales caros o tan siquiera un guión decente. Bastaba con un poco de sangre artificial y un par de prótesis. Y la fórmula, que vendría a ser algo así: un tipo más bien tímido y perdedor resultaba objeto de una broma o víctima de un descuido o blanco de un desprecio a consecuencia de lo cual el tipo acababa horriblemente desfigurado o con un fuerte trauma psicológico o muerto de un modo atroz o las tres cosas a la vez, por lo tanto un pariente o un amigo o él mismo, que no había muerto como todos pensaban o sí había muerto pero de algún modo había vuelto a la vida, ejecutaba la consabida venganza contra sus victimarios. Ahora bien, esto (que no es sino el argumento de una tragedia griega standard) se puede hacer bien, o se puede hacer de modo mediocre: Vincent Price en THE ABOMINABLE DR. PHIBES , o Ralph Fiennes en DARKMAN, son buenos ejemplos. Más allá de los engendros como Jason o Freddy Krueger –que no son sino corporizaciones de temores infantiles al hombre de la bolsa, ¿por qué este interés de la ficción de fines de siglo en los asesinos seriales y en los psicópatas en general? Tal vez porque se trata de los únicos monstruos que resultan realmente temibles, porque nada los delata exteriormente; por el contrario, suelen ser buenos vecinos y ciudadanos ejemplares, aparentemente incapaces de matar una mosca. Jeffrey Dahmer no usaba una máscara de hockey.
©2005 Hugo Casamor
Previamente publicado en EL PASAJERO Nº 26 (febrero 2005), republicado con modificaciones.

Mientras estás leyendo esto, es muy posible que yo esté luchando con mi tablero de dibujo, o con mi cuaderno de notas, intentando algún progreso ya sea con mi cómic o mi novela. De vez en cuando también hago como que trabajo para vivir, por lo que posiblemente no le esté dedicando a este weblog tanto tiempo como quisiera. Lo único que te ruego antes de emitir un juicio acerca de mi cordura o falta de ella, tengas en cuenta mi alimentación mediática: las películas de James Bond de los 70, los cómics de superhéroes de la DC, las sátiras de Mort Drucker en la revista MAD, todas las películas de asesinos seriales de los 80, Oh Wicked Wanda! en la revista Penthouse (también en los 70) y por supuesto, Robert Crumb. (El título de este weblog lo he tomado prestado de una canción de Erica Eigen que pertenece a la banda de sonido de LA NARANJA MECÁNICA, de Kubrick.) Últimos libros que he leído: ONE DAY IN THE LIFE OF IVAN DENISOVICH, de Aleksandr Solzhenitsyn (Penguin) LOS VERSOS SATÁNICOS, de Salman Rushdie (Grijalbo) Estoy leyendo: SEXO Y CARÁCTER, de Otto Weininger (Losada) BOOGIE EL ACEITOSO, de Fontanarrosa (el libraco recopilatorio que editó De la Flor) WHY I HATE SATURN, de Kyle Baker (DC USA).
engelson dijo
No tengo palabras, dos temas que me interesan seguidos, ésto me lo tengo que imprimir en el trabajo. He dejado de leer en Chikatilo (gran colgado) otro dia sigo.
¿Has visto la peli sobre Chikatilo?, no me acuerdo del título, trabaja Donald Sutherland (que casualidad, el padre de Jack Bauer)
31 Agosto 2005 | 07:57 PM