Música, libros, nada en particular
A veces sucede que uno compra un libro y termina sintiéndose como esas mujeres estereotipadas de las tiras cómicas que tienen un closet rebosante de vestidos y se quejan al marido de que no tienen nada que ponerse. Alejandro Rozitchner solía (¿suele?) responder a los que ven le preguntan si ha leído todos los libros que tiene en su biblioteca personal: "No he leído ni la mitad de los que tengo y no tengo ni la mitad de los que he leído". Esto viene a cuento ya que a estas alturas del año se impone un nuevo inventario de mis libros y un primer recuento de mis discos. No es que sean muchos: a ojo de buen cubero, deben ser unos 100 compactos, unos 120 libros y otros tantos cómics. Aún así son suficientes para sembrar el caos en las reducidas dimensiones de mi cuarto de pensión. Hoy escuché algo acerca del Che Guevara, cómo el tipo viajaba con sus libros a pesar de que su imperativo como guerrillero era mantenerse móvil. Cuando lo capturan (o lo liquidan, eso no me quedó claro), el Che, que ya no tenía ni zapatos, aún conservaba un portafolios con libros y su Diario de campaña. ¿Cuál es la moraleja de esta historia? Ni la más pálida idea.
Hece algunos años pensaba que había algunos libros que uno TIENE QUE LEER, le guste o no, como una medicina. Ahora no estoy tan seguro. De todos modos, en algún rincón de mi cerebro persiste esa creencia, y es por eso que aún conservo la ÉTICA de Spinoza o la METAFÍSICA de Aristóteles --y de vez en cuando me prometo echarles una leída. En mi biblioteca tengo un poco de todo, aunque me gusta creer que todo lo que tengo es bueno. He perdido algunos libros, primero con la mudanza en 1996 y luego con el tornado en 2001, pero hoy en día tengo casi, casi todo lo que quiero tener, y seguramente todo cuanto necesito. Mis discos son una historia aparte: aproximadamente la mitad de los que tengo son de jazz, luego tengo algunas bandas de sonido (mucho Tarantino, mucho James Bond) y el resto es de una pobreza franciscana: un par de discos de Queen, otros tantos de A-Ha, cuatro de ABBA y tres de Alan Parsons. Uno de Propellerheads, uno de Bobby Mc Ferrin (¿debería contarlo como jazz?), un compilado de los Statler Brothers y algo de blues: un Stevie Ray Vaughan, un Eric Clapton, un Pappo y un Botafogo. Incluso tengo un par de discos de tango: un compilado de Julio Sosa, "el Varón (SIC) del Tango", y un disco de Adriana Varela en vivo. De todos modos, gravito siempre alrededor de los mismos, por lo general saxofonistas como Joe Lovano, Gerry Mulligan o Ike Quebec (de quien sólo tengo un CD y me gustaría tener más), y si no Chet Baker (trompeta) o Norah Jones (vocal). Antes escuchaba más Sinatra, ahora no tanto; incluso ahora escucho más a Dean Martin, o tal vez algo de pop (léase Alan Parsons o incluso A-Ha). Tal vez sea una cuestión estacionaria.
Música clásica: tengo un disquito de Bela Bartok y he intentado escucharlo un par de veces. Lo he hecho y no me han quedado ganas de volverlo a hacer. Lo mismo me sucede con Charlie Parker, aunque sí soporto a Charlie Parker interpretado por Dexter Gordon. Cuando leo escucho música que no se interponga entre el libro y yo, por ejemplo, Bill Evans. Lo mismo cuando dibujo; antes (digamos, 1997) intentaba hacerle caso a Hugo Pratt y escuchar música relacionada con lo que estaba dibujando en ese momento, pero ya he abandonado esa costumbre. A veces, cuando lo que estoy haciendo no requiere esfuerzo mental (trazar líneas, rellenar manchas negras) escucho un poco de radio, por lo general el programa de trasnoche del Negro Dolina o los viudos de Castelo. Si no, lo mejor es el silencio.

Mientras estás leyendo esto, es muy posible que yo esté luchando con mi tablero de dibujo, o con mi cuaderno de notas, intentando algún progreso ya sea con mi cómic o mi novela. De vez en cuando también hago como que trabajo para vivir, por lo que posiblemente no le esté dedicando a este weblog tanto tiempo como quisiera. Lo único que te ruego antes de emitir un juicio acerca de mi cordura o falta de ella, tengas en cuenta mi alimentación mediática: las películas de James Bond de los 70, los cómics de superhéroes de la DC, las sátiras de Mort Drucker en la revista MAD, todas las películas de asesinos seriales de los 80, Oh Wicked Wanda! en la revista Penthouse (también en los 70) y por supuesto, Robert Crumb. (El título de este weblog lo he tomado prestado de una canción de Erica Eigen que pertenece a la banda de sonido de LA NARANJA MECÁNICA, de Kubrick.) Últimos libros que he leído: ONE DAY IN THE LIFE OF IVAN DENISOVICH, de Aleksandr Solzhenitsyn (Penguin) LOS VERSOS SATÁNICOS, de Salman Rushdie (Grijalbo) Estoy leyendo: SEXO Y CARÁCTER, de Otto Weininger (Losada) BOOGIE EL ACEITOSO, de Fontanarrosa (el libraco recopilatorio que editó De la Flor) WHY I HATE SATURN, de Kyle Baker (DC USA).